Dos formas de encajar un golpe.
Ante una misma adversidad —algo que no salió como se esperaba—, dos personas pueden responder de varias maneras completamente distintas.
Por ejemplo, dos maneras concretas, donde ambas dicen mucho sobre cómo cada uno procesa la frustración y la incertidumbre, y la forma de sobreponerse a las situaciones.
La primera, que ha conseguido parcialmente, por culpa de factores externos, su objetivo y que esperaba haber conseguido mucho más, no pudo sostener el golpe: la ansiedad se le fue acumulando y un bajón se apoderó de él y tuvo que descansar. Es una reacción que habla de alguien que había puesto mucho en juego emocionalmente, quizá más de lo que era consciente, y para quien la discrepancia entre expectativa y realidad resultó demasiado difícil de digerir sin parar y tomar distancia.
La segunda persona, que no consiguió nada de sus objetivos, también exclusivamente por factores externos, ha tomado un camino distinto: sigue presente, sigue trabajando, pero con la cabeza puesta en entender qué ha fallado y qué puede hacer para que el resultado cambie la próxima vez. Es una respuesta más orientada a la acción, casi estratégica, aunque no por ello menos costosa emocionalmente; simplemente canaliza la decepción hacia adelante en lugar de detenerse en ella.
Ninguna de las dos formas de afrontarlo es "mejor" que la otra —una prioriza cuidar la propia salud, la otra prioriza no perder el impulso—, pero juntas muestran que frente a la misma adversidad no hay una única manera correcta de responder, sino tantas como personas la viven.
Estoy seguro de que ambas personas están trabajando en un plan B.
Lo que sí es necesario hacer es actuar sobre los factores externos que han provocado esta situación, porque el no hacer nada, no es opción. Hay que hacerse oír y defender lo que uno cree correcto, dentro de las medidas legales que el proceso permite.
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